Inmigrante y homosexual en EEUU
El entramado legal de inmigración y matrimonio homosexual en EEUU atrapa a miles de familias
25/03/2010
Kay sólo ve a su pareja una vez al año. Se conocen desde hace siete. Kay tiene doble nacionalidad polaca y norteamericana. Su pareja es británica. Se ven durante los tres meses que puede venir desde el Reino Unido con un visado de turista.
Kay tiene 27 años y estudia medicina. Habla de su futuro con la determinación del que conoce que no hay recoveco legal por el que traer a su pareja hasta aquí. “Soy ciudadana estadounidense. Vivo, estudio y trabajo aquí. Mi familia está aquí. Incluso puedo casarme con mi novia -Washington aprobó los matrimonios homosexuales el pasado 4 de Marzo-, pero no puedo pedir su permiso de residencia”, explica Kay. ”Si no consigue venir dentro de un año como estudiante, me mudo al Reino Unido. Estados Unidos perderá una doctora y una abogada”.
Las parejas homosexuales en las que uno de los miembros no es ciudadano norteamericano están atrapadas entre dos leyes. El matrimonio homosexual depende de legislación estatal, por lo que no todos los ciudadanos de Estados Unidos tienen derecho a ello. La ley Acto de la Defensa del Matrimonio (DOMA, por sus siglas en inglés), aprobada en 1996, declara que el gobierno federal no respetará ningún matrimonio homosexual. Además, las leyes de inmigración son federales y aunque un estado reconozca el matrimonio entre dos personas del mismo sexo, no tienen los mismos beneficios de una pareja heterosexual en materia de inmigración.
“La mayor diferencia es que un ciudadano norteamericano, o que tenga un permiso de residencia, no puede avalar a su pareja si ésta es del mismo sexo”, explica Pamela Denzer, abogada de la organización Immigration Equality.
“Estas personas tienen que buscar otras formas de quedarseen Estados Unidos, como trabajadores temporales, estudiantes o con contratos profesionales. Si no lo logran, deben plantearse dejar el país,” explica Denzer. Algunos de los países elegidos por parejas en esta situación suelen ser Holanda, Reino Unido, Canadá o Australia, donde las parejas del mismo sexo sí tienen beneficios migratorios.
“Algunas de las personas a las que ayudamos vienen de estos países donde ya se les ha reconocido el matrimonio y otros derechos. Es difícil explicarles que aquí se les reconoce como pareja, pero no pueden hacer nada para avalar su permiso de residencia“, cuenta Denzer.
La organización de abogados GLAD, con sede en Massachussetts (el primer estado en aprobar los matrimonios homosexuales en Estados Unidos) ofrece información específica sobre cómo el matrimonio entre personas de distinta nacionalidad puede ser un obstáculo: “El matrimonio no solucionará problemas de inmigración, puede causar unos nuevos”, aconseja en uno de sus informes.
Ese es el punto en el que está atrapada Kay: “Incluso si nos casáramos, ella lo tendría mucho más difícil para entrar en Estados Unidos. El hecho de estar casadas puede ir en su contra y ser considerado como ‘intento de permanencia’ en el país una vez que llegue al aeropuerto como turista”. No quiere revelar su apellido ni el nombre de su pareja. “Cualquier cosa puede aparecer en mi historial y dejar sin el permiso de residencia a mi pareja cuando quiera pedirlo”.
Varias organizaciones como Immigration Equality o Latino Equality Alliance se unieron el domingo a las 200.000 personas que se manifestaron en Washington por una reforma del sistema de inmigración. Llegaban desde Nueva York, Chicago o el mismo Washington. Muchos llevaban la cara cubierta con mascarillas. En la boca pegaron la frase “Inmigrante Gay”.
“Nadie nos ha invitado a hablar”, lamentaba Rachel Tiven, abogada y directora ejecutiva de Immigration Equality. Esta organización ofrece ayuda legal a unas 2.000 personas de la comunidad gay al año. Los casos van desde solicitantes de asilo que están perseguidos en el país de origen por su orientación sexual o inmigrantes con el virus del SIDA que carecen de tratamiento médico en centros de detención de indocumentados. Hasta un tercio de los casos que asisten son familias separadas por las normas de inmigración.
Moses dejó Uganda en enero huyendo de la ley que prohibe la homosexualidad. Foto: Cristina F. Pereda
El grupo de unas 100 personas quiso mostrar el apoyo a la reforma migratoria porque tienen dos formas de aprovecharse de ella. Si la ley incluye un apartado que reconozca los derechos de patrocinio para parejas homosexuales, será una victoria. De no ser así -denuncian que laConferencia de Obispos Católicos ya ha obligado a retirar propuestas parecidas- muchos podrán beneficiarse igualmente como inmigrantes. Otra esperanza es la aprobación del Acta de Reunificación de Familias Americanas, pendiente de debate en el Congreso. “Esta ley impondría los mismos estándares y requisitos para solicitar un permiso de residencia a las parejas homosexuales que a las heterosexuales“, explica Tiven. “Sólo tendrían que demostrar que son pareja, el tiempo de convivencia o que han compartido un seguro médico o de vida, y que la unidad de la familia depende de ese permiso de residencia”.
Immigration Equality asistió en 2009 a 235 personas que solicitaban asilo político en Estados Unidos por la persecución que sufren en su país a raíz de su orientación sexual. Uno de los últimos en llamar a sus puertas fue Moses. “Salí de Uganda en enero porque el gobierno quiere prohibir la homosexualidad”, nos cuenta. “La aprobación de esa ley es un antes y un después para mí, hay muchas personas que han terminado en la cárcel. Tenía que dejar mi país”.
Moses narra con una sonrisa cómo se siente privilegiado por haber llegado hasta Estados Unidos. No tiene permiso de trabajo, depende de amigos y la caridad de iglesias locales que le respaldan. Tardará meses en tener noticias de su petición de asilo. “No puedo trabajar ni estudiar, pero no puedo volver a mi país”.
Como Moses, June tampoco quiere volver. Podría casarse en México, desde donde vino para reunirse con suspadres hace 12 años. Pero estudia en Estados Unidos y, en el caso de regresar a su país, no podría ejercer. El caso de June es uno entre miles de estudiantes que gracias a programas estatales pueden acceder a la universidad a pesar de ser indocumentados. El obstáculo llega en el momento de la graduación: el título universitario estadounidense sirve de poco sin un permiso de trabajo ni de residencia. El resto de su familia, con los permisos de residencia caducados, tampoco le pueden ayudar quedarse.
“Estamos hablando de miles de parejas estables, familias que viven desde hace muchos años en este país y que siguen viviendo en un limbo. Algunos están indocumentados o tienen visados temporales. ¿Qué pasa con esas familias cuando caduquen?” pregunta Denzer. “Estados Unidos no debería seguir invirtiendo tiempo y recursos en separar familias. Es sólo un ejemplo de lo que todavía te puede pasar en este país en el siglo XXI”.
ENLACE:http://periodismohumano.com/sociedad/ser-inmigrante-y-gay-en-eeuu.html








Fichas de Información para Centros Educativos - Amnistía Internacional
Libro: Mis dos mamás
Informe de la AAP: Coparentalidad homosexual y adopción
Informe sobre DDHH y LGTB de Amnistía Internacional
Encuentro Insular de Familias-Altihay, Fuerteventura
Congreso Internacional sobre Identidad de Género y DDHH
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